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«Mediterráneo»

Hay lugares que no solo se visitan: se sienten, se respiran y, en ocasiones, se convierten en eternidad. Calella de Palafrugell, en el corazón más delicado de la Costa Brava, es uno de esos enclaves privilegiados. Fue aquí, entre barcas varadas sobre la arena y casas blancas que parecen suspendidas en el tiempo, donde Joan Manuel Serrat encontró la inspiración para componer Mediterráneo, una de las canciones más universales de la música en español. No es difícil entender por qué. Calella no es un destino; es una atmósfera. El viajero que llega por primera vez descubre un antiguo pueblo de pescadores que ha sabido preservar su alma frente al vértigo del turismo masivo. Las fachadas encaladas, los tejados rojizos y las puertas azules dialogan con un mar que cambia de tonalidad a lo largo del día: turquesa al amanecer, zafiro bajo el sol del mediodía, mercurio líquido cuando cae la tarde. Aquí, el Mediterráneo no es paisaje, es identidad.